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Hace mucho, mucho tiempo, que tenía pendiente escribir este post, y hoy en el segundo aniversario de mi cambio de vida, he pensado que podría sacar un ratito para dedicarle a este tema.

Ya hace dos años que dejé de ser “Manager de Desarrollo de Negocio” en una conocida empresa, para entrar a engrosar las listas de la cola del paro, mientras me tomaba un tiempo para terminar mis estudios universitarios y replantearme mi vida.

Hacía muchos años que vivía en una mezcla de sentimientos encontrados, deseando secretamente que eso ocurriera porque sentía que ese no era mi camino, a la vez que tenía un miedo pavoroso de que llegase el día. Estaba preparada para el miedo, para empezar de nuevo, para reinventarme, pero para lo que no estaba preparada, era para la sensación de “pérdida de identidad”.

Y es que esa misma tarde, al recoger todas mis pertenencias en una cajita, sentí como si me hubieran amputado una parte de mi cuerpo, como si el aire no llegase a mis pulmones, como si el suelo que pisaba se pareciera un poco al blandiblu, como si hubiera perdido una parte de mi nombre. Yo ya no era “Manager de Desarrollo de Negocio” de una gran empresa. Acababa de perder una identidad que había ido adquiriendo con los años. Ahora era simplemente Ángela, y me sentía incapaz de reconocerme a mí misma solo en mi nombre.

Durante estos años, he podido comprobar, que ante las crisis vitales es común este sentimiento de encontrarse perdido en el mundo, de no reconocerte en tu nombre, y que necesita un periodo de duelo, mas o menos largo dependiendo de cómo lo trabajemos.

En mi caso, al ser un usuario avanzado, reconozco que tuve que pararme, sentarme en mi lugar favorito para pasar crisis, que es la playa de Ses Covetes, y después de 4 días de intenso dolor, enterrar los pies en la arena con cuaderno en mano, y decidir revisar mi identidad.

Allí, pensándolo fríamente y con la mano en el corazón, pude pensar quién era, era madre, mujer, amiga, pero ¿y respecto a mi profesión? Allí decidía que eso daba igual, que yo era todo lo que había sido, y todo lo que había aprendido, y aunque en aquel momento no lo sabía, todo con el tiempo se iría poniendo en su lugar.

Esos momentos requieren de un intenso trabajo interior, de revisar qué sabes, qué has aprendido, de recopilar toda la sabiduría que te da tu experiencia laboral, de revisar tus valores, y de decidir, ahora que es el momento, aprovechar la oportunidad que te brinda la vida de construir una nueva vida profesional teniendo en cuenta tu verdadera identidad. No la identidad que te brindaba tu trabajo, el que tenías hasta ahora, sino la identidad que te brindan tus valores y tus experiencias.

Y aprovechando un ejemplo que pongo continuamente, porque me encanta, igual que a la mariposa le es difícil salir del capullo, pero es el esfuerzo que realiza, lo que fortalece lo suficiente sus alas para poder volar, en el caso de una crisis vital de esta magnitud, es el dolor el que te hace reflexionar y reaccionar, para que construyas una vida mejor. Es el dolor el que te permite transformarte de gusano, a mariposa (lo siento, es un chiste malo, pero es que venía tan a cuento que me ha salido de los dedos).

Allí empecé un nuevo camino, durante el próximo año aún me quedarían muchas cosas por aprender, y un duro camino por recorrer. Estoy segura de que aún me quedan muchas, muchísimas que aprender en el futuro, pero ahora siento que vivo mi propia vida, en consonancia con mis valores, que soy libre y que me gano los garbanzos haciendo una de las cosas que mas me gusta hacer en el mundo, ayudar a que las personas que se acercan a mi a que tengan una vida mejor.

Si te encuentras en esa situación, no olvides que siempre hay una salida, y quizás es el momento de pararse a pensar antes de seguir andando, para ver quiénes queremos ser a partir de ahora, a partir de quién hemos sido en el pasado y de quiénes somos en esencia. Es el momento de tirar por la borda lo que no nos gustaba de nuestra identidad anterior, y quedarnos con lo que nos sirve.

Si estás en esa situación te deseo toda la suerte del mundo en ese momento tan maravillosamente crítico si lo sabes ver con los ojos del corazón.

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