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El coaching, profesión que adoro, tiene muchos componentes. En las sesiones trabajamos entre otros, creencias, valores, las consciencia, y las preguntas que nos llevan a que la gente avance en sus caminos mucho mas rápido que si fuesen por su cuenta. Pero todos estos conceptos no solo son intrapersonales, sino también forman parte de la sociedad.

¿Crees que las tendencias se restringe solo a cosas superficiales? ¿Qué me pongo? ¿Qué como? ¿Cuáles son los locales de moda? ¿Qué música escucho? Pues resulta que no, que hay creencias, y valores que también marcan tendencia.

Aunque cada uno de nosotros tenga su propia identidad, su forma de ser, sus valores propios y sus creencias propias, hay algunos valores que están en la sociedad, que en cada momento definen nuestro funcionamiento. Veámoslo por ejemplo con todo lo que está pasando en nuestro país con la corrupción.

¿Por qué crees que ahora hay tantos casos de corrupción en los juzgados? ¿Es que antes los jueces, o la sociedad no sabían todo lo que estaba pasando? Yo afirmo que no, que todos los sabíamos, lo que pasa es que antes nuestros valores y nuestras creencias eran diferentes a los de ahora.

Mis primeros recuerdos acerca de la corrupción son de cuando yo tenía diez o doce años, es decir hace treinta años. Recuerdo que se comentaba que tal alcalde había recalificado unos terrenos x, y que se estaba haciendo un estupendo chalet no sé dónde porque seguro que se había llevado una buena tajada, o que había suerte, que había tenido su primo de que hubiese salido alcalde, ya que ahora tendría trabajo toda la vida en el ayuntamiento. Recuerdo además, hace unos diez años, una conversación con una señora cuyo hermano había sido recientemente elegido como alcalde: “Con mi hermano nos llevamos fatal, fíjate que ni siquiera me ha “colocado””. Ella asumía que la obligación de los alcaldes, era colocar a su familia.

¿Pero eso se denunciaba? No, y si se hacía no pasaba nada, porque quién mandaba tenía los cabos bien atados para que esto no le pasase nada, porque las instituciones respaldaban este tipo de comportamientos.

¿Y por qué era eso? Porque los valores de la sociedad eran distintos, antes primaba el “mirar hacia otro lado, y vivir tranquilos” heredado de la época de dictadura que vivimos en este país. Ahora en cambio, los valores de nuestra sociedad han cambiado, ahora prima la transparencia, y la honestidad, y todos estamos cansados de tanto “mangui”.

También nuestras creencias han cambiado, antes pensábamos que el dinero público no era de nadie, que las personas con poder tenían derecho a hacer lo que hacían. Ahora no es así. Me imagino la sorpresa de todos los imputados al sufrir en sus carnes los efectos de la justicia debidos a los cambios en la sociedad, y no me extraña que digan “yo no sabía que estaba haciendo algo malo”, porque en aquel momento, todos permitíamos que pasase lo que pasaba.

¿Y qué nos ha llevado a ese cambio? ¿Qué nos ha llevado a pensar qué estábamos haciendo mal? ¿A replantearnos que valores y qué creencias de nuestra sociedad nos servían y cuáles estaban caducos? Una crisis, que aunque ahora suene duro, nos va a llevar a ser una sociedad mejor.

E igual que funciona la sociedad, funcionamos las personas ante las crisis. Las crisis, si las gestionamos de forma inteligente, nos sirven para replantearnos qué valores y creencias, están ya caducos en nuestra vida, para preguntarnos hacia dónde vamos, y si ese es el camino que queremos seguir. Sirven para cuestionarnos si queremos seguir aceptando los valores que marca la sociedad, o preferimos preguntarnos a nosotros mismos qué es importante y si los objetivos que perseguimos son “ecológicos”, es decir que no dañan a la sociedad…

Por lo cual, bienvenidas las crisis que nos llevan a sitios mejores, en vez de dejar que nos sigamos consumiendo en los fuegos de unas tendencias obsoletas, y dañinas para nosotros.

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