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Cierto es que esto debería ser un blog profesional, y que no debería usar según que palabras, que tengo que pensar en mi imagen, pero también al final uno tiene que mantener su esencia ¿verdad?.

Habitualmente me dejo caer por las cafeterías que hay alrededor de mi anterior trabajo, puesto que sigo manteniendo muy buen contacto con algunos de los que eran mis compañeros, y que con los años se han ido convirtiendo para mí en buenos amigos. Estaba esperándolos cuando apareció un señor con el que también había trabajado, pero con quien no tengo demasiada confianza. Después del saludo correspondiente, me preguntó amablemente que qué tal me iba, le contesté que bien, y añadió la pregunta “¿Pero estos del coaching no estáis un poco “flipaos”?” . El tono que acompañaba era una mezcla entre extrañeza y desconfianza. En esos momentos a mi me daba pereza aportar ninguna explicación y mas viendo por el rabillo del ojo que ya se acercaba uno de mis amigos, le contesté con unas risas de cortesía, y un “sí, seguramente”.

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Pero luego, cuando ya me iba, me puse a pensar en el comentario, y en la imagen que tiene la población de nuestra profesión.

Por supuesto, como en todo hay gente admira lo que hacemos, quizás porque le llama la atención, o porque han podido trabajar con un coach cualificado que les haya aportado algo positivo. Luego están los que simplemente no entienden lo que hacemos, y cuando vamos y les soltamos lo de la metodología, pues se quedan igual. Pero también tenemos detractores. Quizás es por desconocimiento, o porque están la mar de cómodos viviendo como viven, o porque han tenido alguna relación con algún profesional que no esté debidamente formado. No sé, y tampoco necesito buscar explicaciones. Como me dijo una vez mi padre, todas las rosas tienen espina. Bueno, dejadme que siga.

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Como soy mucho de la RAE, cuando llegué al trabajo, busqué “flipar” en el diccionario, y hablaba de entusiasmo, de gustar mucho y también de estar bajo los efectos de una droga. Allí tuve que reconocer que sí, que yo al menos soy una coach flipada…(o una flipada de coach, según como se mire. Uy, perdón. Es que me vendo por un chiste).

Y es que en mi caso y la de la inmensa mayoría de profesionales que conozco, cierto es que vivimos la profesión con mucho entusiasmo. Probablemente porque antes de vivir del coaching, el coaching hizo mucho por nosotros.

A mi me ayudó a derrumbar algunos muros que existían a mi alrededor, y que hacían que viviese en un lugar mucho mas pequeño del que realmente existía. Fue como si viviese en una casa mas pequeña y descubriera que lo que yo siempre había creído que era una pared se derrumbase y dejase al descubierto que mi pisito de 100 metros era de repente una mansión enorme. También creía que en mi jardín solo había un árbol, pero realmente era “el árbol que no  me dejaba ver el bosque”, y moviendome un poquito, desde una de las nuevas ventanas recién descubiertas pude ver, por primera vez en mi vida, un bosque, y todos los caminos que llegaban a él.

Aprendí algunas cosas, viví otras y todo eso me llevó a tomar una serie de decisiones que me han llevado, pasito a pasito a vivir de algo que me apasiona.

Cuando esto te va sucediendo, va acompañado de muchos momentos “Eureka” en los que te quedas sorprendido, en los que te das cuenta de que se ha abierto una puerta que ya nunca mas podrás volver a cerrar y tu cara, tus ojos y tu cuerpo, inevitablemente muestran lo que te acaba de pasar. A partir de ese momento, todo es diferente. En Coaching a veces lo llamamos el momento “click”, y es algo absolutamente mágico, que sí, produce entusiasmo y en mi caso, tengo que reconocer que es igual de adictivo que una droga.

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Y si quieres y yo sí quería, eso produce una onda expansiva en tu vida, que cambia todo en ti mismo, y mucho a tu alrededor. Y en mi caso, y probablemente también en el de mis compañeros, de repente nos damos cuenta de que podemos producir mas “clicks” en otra gente, y que estos momentos son mágicos también, tanto o incluso mas que los tuyos propios. Cuando eso sucede sabes que has hecho tu trabajo, y que has dado con la pregunta adecuada, para que tu cliente encuentre su propia respuesta. Y cuando trabajas con equipos, de repente asistes a “clicks” multitudinarios, en los que sabes que habrá un antes y un después de ese momento, y que a partir de ese día, todo será mucho mejor. Y si trabajas con educadores, sabes que quizás no podrás llegar a todos, pero que si llegas a alguno entonces tu trabajo también llegará a sus alumnos, y quizás eso cambie la vida de algunas personas.

Y la magia se sigue produciendo, cuando tienes la oportunidad, que en mi caso me proporciona EFIC de estar presente en una formación para futuros coaches, y ves como un grupo crece, y se derrumban muros y se descubren bosques, y además eres consciente de que todas esas personas producirán muchos, muchísimos “clicks” a su alrededor, y que tú tuviste algo, una minúscula parte que ver en eso, y que gracias a tu granito de arena, el mundo es simplemente mejor.

Y yo allí me siento como la pequeña Matilda cuando descubre todos sus poderes y baila haciendo que todo gire a su alrededor. Por lo que sí, señor del bar, tengo que darle la razón. Después de revisar la RAE, releer lo que he escrito, y comprobar mis niveles de entusiasmo, los que nos dedicamos a esto, estamos un poco flipados.

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