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Todos los que me conocéis sabéis que el sector TIC es mi favorito. No solo porque es el que mas conozco, ya que me ha dado de comer durante 16 años, sino porque los informáticos tienen ese “algo” especial que solo tienen ellos. En general son personas sumamente inteligentes, porque si no no podrían trabajar en TIC. Tienen que entender cómo funcionan empresas enteras desde el proceso mas simple al mas complicado, desde la contabilidad, al proceso de venta. Además tienen que saber los lenguajes de programación necesarios para poder hacer que las máquinas se comporten de una forma determinada, además de prever todo el entramado de servidores necesarios para que construir una plataforma estable. Tienen que estar preparados para el cambio, puesto que tanto los lenguajes, como las máquinas, como todo, cambia a una velocidad vertiginosa.

Tienen que ser capaces de entender al usuario, y los requerimientos que esos hacen, y trasladarlo a su trabajo, a la vez que hacen de intermediarios entre lo que quieren hacer las personas, y lo que pueden hacer las máquinas. Cualquiera que haya trabajado en esto sabe que no es fácil, y que la comunicación con un usuario es a veces muy complicada. Tienen que ser creativos, porque construir cosas a partir de la nada, que es lo que hacen ellos, requiere un alto componente de creatividad. Son grandes trabajadores en equipo, porque son conscientes de que se necesitan uno a otro para poder construir, y entienden que un problema en un componente del equipo afecta a todos, y aunque no sea “su responsabilidad”, todos se apoyan entre todos. Todo eso rodeado de ese alo friki, tan encantadoramente especial (a mis ojos, al menos).

Aunque son imprescindibles desde hace mucho, tengo la sensación de que cada vez son mas imprescindibles, o al menos mi teléfono suena insistentemente, para pedirme que si conozco a alguien que desarrolle en Java, o en .Net, y que por favor, que es urgente.

Pero algunas empresas siguen pensando que los informáticos son solo “mano de obra”. Son las que en la actualidad sufren la fuga de talentos, una alta rotación laboral, y que no consiguen llegar a las personas mínimas que necesitan para seguir desarrollando sus productos.

La rotación laboral y la fuga de talentos en TIC tiene un coste mas alto que en otras áreas en las que el trabajo es algo mas mecánico. La fuga de un talento tiene una implicación directa elevada sobre las horas presupuestadas, el coste de los proyectos, y lo mas importante, sobre las necesidades del cliente, y la imagen de la empresa. Después hay que sustituir al talento fugado, con otra persona, con su correspondiente tiempo de aprendizaje. Si la empresa tiene una alta rotación, los costes de esto son exponenciales.

En el mercado actual los informáticos son personal altamente demandado, y como pasa en el mundo de la pareja, si entras en una discoteca y todo el mundo quiere ligar contigo tendrás margen para elegir. Te irás con el mas guapo, o con el que te trate mejor, o con el que mas dinero tenga, o incluso las tres cosas juntas. Y es que en la actualidad, tal y como está el mercado laboral para TIC, y teniendo en cuenta que las personas que trabajan en esto tienen todas las capacidades de las que hablábamos al principio, no pueden considerarse como “mano de obra”. No pueden tratar a alguien tan listo, como si fuese idiota. No pueden realizar las selecciones de personal como lo hacían antes, en un mercado tan dinámico.

Las empresas, o cambian el paradigma, o se verán abocadas a agonizar. A agonizar delante de sus presupuestos, de sus costes, y de sus clientes, viendo como son incapaces de tener un equipo mínimo viable para realizar sus desarrollos.

Las empresas TIC, quizás mas que otras, son las personas que trabajan allí, y esas personas tienen además de mucha cabeza, un alma. Y dado que trabajan muchas horas, porque ese trabajo es su pasión, necesitan hacerlo en una empresa que les cuide, que se preocupe de tener una visión, una misión y unas valores alineados con la gente que trabaja allí, para que estos no se quieran ir. No pueden pretender que alguien con un componente creativo tan alto desee trabajar en una empresa gris.

Y las empresas necesitan una buena estrategia de “employer branding”, para atraer talento, en vez de que éste se fugue. Necesitan una cultura corporativa coherente, que lo que digan que hacen lo hagan de verdad, y necesitan generar estabilidad y confianza. Confianza no solo en materia de beneficios, sino también de disciplina.

Y sí, si eres una empresa de estas, de estas a la antigua usanza, seguro que en estos momentos te estás riendo pensando que no sé lo que digo, entonces si quieres te hablo en dinero, puesto que esto es lo único que quieres entender.

Diversos estudios que se han realizado sobre el ROI del coaching en la empresa indican que el retorno puede llegar hasta un 500% de la inversión. Bueno, sigues riéndote, imagina que estoy exagerando mucho, mucho, mucho, y que los estudios no tienen razón. Vale, quédate con un ROI de un 50%, sin volatilidad, y sin fuga de talentos ¿a qué aún así te conformas?

¿Y cómo se calcula esto? En primer lugar se decide qué parámetros son los que tienen que tenerse en cuenta para calcular el rendimiento de cada una de las personas, y se calcula el rendimiento antes del proceso mediante distintos métodos dependiendo de las características de la empresa. Si por ejemplo, en esa evaluación obtenemos un rendimiento para una personas del 112%, y esta persona cobra 50.000 € entonces su rendimiento es de 56.000€. Una vez terminado el proceso se repite otra vez la operación, pongamos que el rendimiento es del 180%, entonces esa persona tendría un valor para la empresa de 90.000€. Se suele calcular el ROI en un periodo de entre 2 y 5 años. Suponiendo que en este caso hubiésemos decidido a dos años, en este caso tendríamos un ROI de 68.000€ para un empleado en concreto, a lo que habría que restar el importe de los servicios de coaching para obtener un resultado final.

Por eso querida empresa, querido directivo, deja de agonizar, y empieza a pensar de otra forma, porque hay en juego mucho que perder, pero también mucho que ganar. Si te reconoces en esos síntomas, es que estás agonizando.

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